Los ataques durante el desarrollo de código o en plena ejecución del mismo podrían ser una fuente de inspiración cinematográfica. Cada día hay nuevas historias de amenazas, víctimas y pérdidas, razón por la que es vital la implementación de buenas prácticas. En 2017 la noticia de un malware que aprovechó una vulnerabilidad en el código de Microsoft Windows dio la vuelta al mundo. WannaCry se expandió como gusano durante tres meses, afectando a más de 200,000 computadoras en 150 países. Los ciberdelincuentes exigieron cerca de USD140,000, pero los daños ascendieron a los USD8,000 millones. Sin embargo, este no es el único caso. De acuerdo con la Universidad de Maryland, cada 39 segundos es atacada alguna computadora o red en el mundo. Las amenazas informáticas aumentan en la medida que también lo hacen las vulnerabilidades o fallas en el sistema que ponen en riesgo la seguridad. Una vulnerabilidad es definida como un agujero producido por error de configuración, en la gestión de recursos, en los sistemas de validación, en la gestión y asignación de permisos o en el acceso a directorios. Estos errores son buscados por los ciberdelincuentes mediante vectores de ataque para introducir código malicioso y cometer actos como el robo de información. 
Las amenazas cibernéticas como negocio
Existen diferentes vectores de ataque y los mismos van evolucionando en la medida que crece el mercado de servicios ilícitos para el robo de información, incluido el escaneado como servicio. De acuerdo con el Informe de Sophos sobre Amenazas 2023, los delincuentes ofrecen paquetes de herramientas comerciales legítimas para encontrar y explotar vulnerabilidades. Algunas de las herramientas utilizadas por el ciberdelincuente son de código abierto y totalmente legales. Sin embargo, ofrece el servicio con intenciones maliciosas para enviar a su cliente el resultado del escaneo.
Las buenas prácticas frente a la creciente amenaza
Con una adecuada gestión de riesgos en proyectos de software es posible anticiparse a las proliferantes amenazas cibernéticas. Para ello es necesario identificar y reducir los posibles riesgos que pueden darse ante la complejidad tecnológica como: desconocimiento del mismo proyecto, limitación de nuevas tecnologías y falta de capacitación técnica.
Por otra parte, se requiere la implementación de buenas prácticas que incluyen seguir las técnicas, principios y metodologías necesarias para cada proyecto de software. Algunas de estas son: tener presentes las funciones y beneficios que se esperan del desarrollo y leer el código tantas veces como sea necesario para afinarlo hasta que sea simple, limpio y legible. Deben aprovecharse tecnologías como Checkmarx, que permite realizar pruebas de seguridad de las aplicaciones estáticas (SAST). Con ello es posible identificar vulnerabilidades durante el desarrollo del software al escanear el código fuente de la aplicación, permitiendo priorizar y remediar los problemas de seguridad. Esta solución ofrece a los desarrolladores escaneos rápidos y precisos para su uso diario, así como guías para resolver errores y pruebas imprescindibles para aplicaciones. Su comunidad realiza investigaciones y ofrece actualizaciones de acuerdo con la evolución de los ciberdelincuentes.
En un mundo cada vez más tecnificado, el desarrollo de código seguro requiere más que privacidad, y por ello las buenas prácticas, acompañadas de tecnología avanzada e investigación son las claves para reducir amenazas diarias. Solicita una consultoría gratuita si deseas que te ayudemos a mejorar la seguridad de tus códigos en desarrollo o ejecución.
